Ray Bradbury

Introducción

Ray Bradbury, hijo de Leonard Spaulding Bradbury y Esther Marie Moberg, nació en Waukegan, Illinois, el 22 de agosto de 1920; y empezó a escribir tan sólo 12 años después. En 1934, la familia Bradbury se mudó a Los Angeles, California, donde el joven Ray terminó su educación formal en 1938 al graduarse en Los Angeles High School. Ese año publicó su primer relato, Hollerbochen's Dilemma, en la revista Imagination! y comenzó a trabajar como canillita, labor que mantendría hasta 1942.

En 1943 empezó a escribir cuentos a tiempo completo para varios periódicos. De ahí en adelante, su carrera fue en ascenso. En 1945 su cuento The Big Black and White Game fue escogido como la mejor historia corta americana. En 1947, el mismo año en que se casó con Marguerite McClure, publicó Dark Carnival, su primera colección de cuentos. Pero su fama como escritor de ciencia-ficción se debe principalmente a The Martian Chronicles (Crónicas marcianas), libro publicado en 1950. Entre las novelas, cuentos, ensayos, piezas teatrales, guiones y poemas que conforman su prolífica obra destaca también Fahrenheit 451, novela llevada al cine por Truffaut en los 60´s.

Poética

Asiduo lector de Theodor Sturgeon, Bradbury integra el grupo de escritores de ciencia-ficción interesados no sólo en la parafernalia tecnológica, sino además en los problemas humanos. Las situaciones que plantean sus historias son apasionadas defensas de una vida auténtica y libre. Entre sus escritores favoritos están Dickens, Twain, Wolfe, Peacock, Shaw, Moliere, Jonson, Wycherly y Sam Johnson. Entre los poetas, admira a Gerard Manley, Hopkins, Dylan Thomas, y Pope. Su interés por los problemas humanos lo hacen, con Aldous Huxley y otros, parte del grupo de escritores que renuevan y dignifican el género de la ciencia ficción en nuestro siglo.

Vitalismo en el arte

Para Bradbury el arte es una actividad vital y de ideas. Vital porque, gracias a la escritura, el escritor recuerda que estar vivo no es un derecho, sino un privilegio. El arte, aunque no protege de la enfermedad o la muerte, salva; revitaliza al hombre que se dedica a él pues las ideas surgen al compás de la reflexión que sigue a las pasiones de modo que la dureza de la realidad no lo puede alcanzar. En el prefacio del libro de ensayos Zen en el arte de escribir, afirma que la escritura es como la pizca de arsénico que se toma cada mañana para sobrevivir hasta el atardecer, y la pizca que permite sobrevivir desde el atardecer hasta llegar al alba. Escribir es así una forma de supervivencia, aunque, señala, cualquier trabajo bien hecho cumple ese rol.

El arte, las vanguardias y el mercado

Este vitalismo artístico le lleva a afirmar que el primer deber del escritor es la pasión, la fiebre, el arrebato. La carencia de entusiasmos o del goce de crear sólo produce escritores a medias, pues el excesivo interés por el dinero o la experimentación lingüística desvían al escritor de las ideas que surgen al ritmo de sus pasiones y apetitos; y por el contrario, lo conducen a un arte trivial o a la mera imitación de técnicas ajenas.

Esta maniquea polarización de la vida literaria fue resuelta con su propuesta de una tercera vía: la de la honestidad con las propias pasiones, único modo de eludir los peligros que llevan a un arte mentiroso. Sostiene Bradbury que, si el escritor es honesto consigo mismo y si persiste en su empeño, tal vez un día podrá vender sus cuentos en las revistas, pero es imperativo no buscar el dinero o la fama. Esta ética del trabajo artístico está emparentada con la ética puritana del bienestar con que Dios recompensa al creyente puesto que la fama y la fortuna son el premio por un trabajo sincero y bien hecho.

La ciencia ficción

Las técnicas que emplea el escritor de ciencia ficción suelen ser simples pues el género está dedicado a la especulación sobre el futuro, no a la experimentación verbal. Es pues un género de ideas. Como el cuento neofantástico contemporáneo, el relato de anticipación suele presentar hechos anormales, aunque, a diferencia de él, la explicación de esa extraña realidad obedece invariablemente a un principio científico cuyas implicaciones han sido desarrolladas al máximo. Es decir, la ciencia ficción parte de la ciencia contemporánea y anticipa lo que podría pasar si su desarrollo sigue los cauces previstos por el autor.

Sin embargo, la ciencia ficción no sólo se base en la ciencia contemporánea, sino que busca sus temas en la tradición literaria más antigua. Así, el género proporciona explicaciones racionales a hechos que tradicionalmente han sido temas de leyendas y relatos sobrenaturales. Por ejemplo, si tomamos el vampiro de Stoker, le quitamos todo elemento sobrenatural y le damos un origen darwiniano; o si transmutamos al personaje del Rey Midas en inventor de una máquina que altera la estructura molecular de la materia y que decide convertir las cosas en oro, tenemos las bases para construir relatos de ciencia ficción. Los golems, vampiros, viajes en el tiempo y los increíbles desplazamientos en el espacio de la mitología de los relatos tradicionales son reprocesados y explicados científicamente por un género que se convierte en el crisol de la secularización de un mundo cada vez menos maravilloso y más científico. Este mismo proceso es el origen de una nueva mitología, la de una civilización industrial y científica.

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