Educación superior y política peruana

"… contra todo lo que capciosamente se insinúe o sostenga, la crisis de maestros ocupa jerárquicamente el primer plano. Sin maestros auténticos, sin rumbos austeros, sin direcciones altas, la juventud no puede andar bien encaminada…" (Mariátegui, J. C. Temas de Educación. Lima, Empresa Editora Amauta. 12a ed., Marzo de 1989)

Introducción :

La educación superior no es sólo el titulo universitario. En mi opinión, una persona educada debe conocer técnicas para resolver problemas nunca antes enfrentados por ella; debe tener la habilidad de conjeturar, de deducir las implicancias de las hipótesis y de verificarlas empíricamente. Esas habilidades, normalmente ausentes en nuestro sistema económico y político, no son fomentada por el sistema educativo. En estos días se dice en los medios que las universidades están modernizando sus currículos y que la enseñanza se está tecnificando. Y en buena hora. Sin embargo, esa afirmación carece de sentido si esos cambios no cumplen con el requisito de enseñar a enfrentar situaciones nuevas.

El "debate" periodístico sobre la problemática educativa no alumbra la oscuridad del problema en tanto sus referencias a las nuevas - o viejas - metodologías pedagógicas son pobres y más bien se centran en los aspectos económicos de la cuestión. El punto es que la inversión del Estado en educación es incipiente y orientada a la infraestructura física y que, por tanto, son las instituciones educativas mismas las que deben elaborar soluciones al margen de la participación estatal. Con esta idea en mente, me parece que el debate debería centrarse en tres nudos: cómo entrenar al personal docente, qué metodologías son las apropiadas dadas las condiciones materiales del sistema y cómo autofinanciar el funcionamiento de los centros educativos. Sin embargo, antes de abordar esos asuntos debemos comprender cómo hemos llegado a esta situación.

Es cierto que sólo la educación no es la solución para los problemas sociales del país, pero también es cierto que ella es el requisito indispensable para construir una nación fuerte en este mundo tecnológico moderno. El país no es pobre por las transnacionales, por la corrupción o por el caos parlamentario, como sugieren algunos de nuestros modernistas de derecha y de izquierda, sino todo eso más la falta de educación, entre otros factores que no es del caso mencionar aquí. Pero, sin importar el sistema político o económico que se adopte, sin ella, sin educación, somos meros campesinos iletrados inclinados ante los surcos mirando de reojo los cielos y los mares surcados por naves de banderas extranjeras cargadas de mercaderías y de utilidades que llevan a sitios lejanos.

Es obvio que nuestras materias primas no nos han sacado ni nos sacarán de la pobreza. Por el contrario, gracias a ellas somos sólo un pequeño lugar de la periferia del campo de batalla económico del mundo. Es fácil percibir que el peruano está atrapado entre materias primas que determinan el tipo de industria que se desarrolla en el país y la falta de capitales nacionales que le obliga a invitar capitales foráneos como si fuesen la panacea liberadora.

Pero parece que en este ambiente de reformas económicas, los pobres seguirán siéndolo por mucho tiempo. Tengo la impresión que ni todas la inversiones del mundo ni todos los pagos de la deuda externa que el FMI exige les permitirán generar capital propio en cantidades suficientes como para sustentar un crecimiento económico sólido del país, y que, otra vez, serán los grandes capitales nacionales y foráneos los que se llevarán la tajada del león. Y así será por generaciones pues los jóvenes de hoy han pasado por un sistema educativo derrotado antes de la batalla. Encontramos, por ejemplo, miles de jóvenes que no pueden entender cómo funciona un transistor o cuál es la diferencia entre una Ley y un Decreto Supremo, o que son hijos directos de la violencia de Sendero Luminoso, del Estado, de la pobreza, del narcotráfico, de la calle y también del hogar. Ellos son la fuerza laboral del país ahora y en los próximos 50 o 60 años. Ellos son nuestro capital y es, pues, hora de que el desasosiego general sobre el futuro se focalice en la educación.

Historia del problema :

Tópico obligado para la comprensión del problema es el bajo presupuesto gubernamental destinado al sector educativo que ha contribuido a deteriorar progresivamente los ingresos de los profesores, ha alejado de la docencia a muchos de los más preparados, ha impedido que los colegios se equipen adecuadamente y que los profesores se capaciten continuamente. De este modo, la pobreza, con la ayuda de la ya tradicional ceguera de las autoridades del Ministerio de Educación, ha abierto las puertas de la docencia a muchas personas que, ya sea por necesidad o por buena voluntad, ejercen a pesar de no estar adecuadamente preparadas para ello. Es así que los colegios y universidades no pueden cumplir su doble misión de educar individuos y ciudadanos que se incorporen al aparato productivo y al político de la República.

Las carencias presupuestales son causa y consecuencia de la poca planificación. El crecimiento de la cantidad y calidad de instituciones educativas ha sido - y es - desordenado y heterogéneo. Sucedió - y sucede - sin prever los requerimientos de la demanda de trabajo del aparato productivo de la región donde los estudiantes viven, o de cualquier otra, lo que ha generado frustración, y no podía ser de otra manera, en la juventud.

Por estas razones podemos decir que los vínculos entre el sistema educativo y el político no han sido nunca meramente líricos. La educación no es una tarea virginal en la que las buenas intenciones pesen más que las omisiones. Por el contrario, es una actividad política que implica una serie de elecciones conscientes y planificadas desde y por alguna ideología, vale decir, desde y por un conjunto de interpretaciones de cosas y sucesos, y de técnicas para interpretar y manipular cosas y sucesos.

Así, la escuela es - y debe ser - una gran difusora de ideologías o, lo que es lo mismo, de normas de conducta, imágenes del país y del extranjero, autopercepciones, hábitos de trabajo o de ociosidad, etc. En ella, el estudiante aprende, o debería aprender, formas "convenientes de estar y actuar en el mundo. Sin embargo, el diario contraste de esas ideologías con la realidad que el niño manipula le hace percibir la enorme distancia entre la escuela oficial y el mundo real (Biondi, Juan y Eduardo Zapata. La Ideología de Sendero Luminoso. Contratexto Educativo. 1a ed. Lima. Concytec, 1989); distancia que el maestro trata de suplir enseñando lo que él mismo ha aprendido en la Normal o en la Universidad, aunque tal conocimiento muchas veces no concuerde con el propuesto por los textos escolares oficiales (Portocarrero, Gonzalo y Patricia Oliart. El Perú desde la Escuela. Instituto de Apoyo Agrario. la ed. Lima, 1989). ¿Cómo hemos llegado al doble divorcio entre lo que los textos escolares enseñan y lo percibido por el joven estudiante, y entre lo dicho por los textos y lo que el maestro enseña?

El camino ha sido largo y el ritmo sostenido. Desde la década de los sesenta el Perú ha experimentado varios procesos que han contribuido a configurar la peculiar formación de valores en la juventud: en primer lugar, la difusión del marxismo en las universidades ha redundado en la producción de un discurso escolar paralelo al oficial, marxista en algunos casos o influido por la interpretación marxista de la sociedad en otros. Por este camino, el maestro, muchas veces forzado a "vulgarizar y adaptar" lo aprendido en las universidades, no ha hecho sino enseñar al alumno a buscar culpables y a desconfiar del Estado en lugar de enseñarle a trabajar. El Estado, por su parte, a través de los medios ha difundido desde 1968 un discurso que explica el estado de pobreza, injusticia y subdesarrollo del país en función de la acción de intereses extranjeros y nacionales que buscarían sólo lucrar y mantener la explotación. Esto, por supuesto, ha reforzado el mensaje político del discurso escolar.

A lo anterior se puede añadir que la difusión del pensamiento de izquierda a través de la labor de sindicatos y de partidos políticos, no ha sido acompañada por la difusión del pensamiento de derecha o de cualquier otra alternativa política que pudiera establecer un contrapeso político significativo (1). Así, La educación política del pueblo se ha hecho en la acción política, como correlato práctico de las propuestas de los discursos escolares, universitarios, estatales y políticos que, consciente o inconscientemente, forman ya parte del modo de ver las cosas de muchos peruanos.

El panorama nos muestra pues un discurso escolar oficial que no se adecúa a la experiencia cotidiana del poblador, ausencia de planificación, carencia de recursos, falta de preparación, e irresponsabilidad: un océano en el que naufragan las expectativas de los futuros ciudadanos. Una vez en marcha, al motor de la frustración se le une un discurso escolar paraoficial influenciado por unas izquierdas cuyas propuestas, desplazando al discurso educativo oficial, no han contribuido a que el estudiante pueda satisfacer sus necesidades por medio del trabajo, y que tampoco le han dado una herramienta para interpretar y manipular la realidad y las alternativas de la vida social y personal. En lugar de eso, le han dado una interpretación de los males elaborada en función de una utopía improductiva, y un recetario de acción política.

Por otro lado, durante los últimos veinticinco años el sistema educativo y los medios de comunicación - naturales amplificadores del discurso del Estado -, las dos principales instancias ideológicas del Estado, han producido el "discurso de la culpa ajena", y que han dejado pasar, sin darse cuenta, cualquier propuesta realmente productiva. Pero el discurso de la culpa ajena es un modo de pensar impuesto no sólo por el sistema educativo: es revelador que muy raramente se encuentre instancias democráticas "oficiales" de distribución del poder en nuestra sociedad. En otras palabras, no se puede esperar que los adultos actúen democrática, responsable y establemente si sus familias, escuelas, barrios y el Estado mismo no han sido democráticos durante sus vidas.

Algunas tareas urgentes :

Si la intención es la formación de individuos capaces de participar exitosamente en la administración de la Cosa Pública y de realizar actividades económicas, humanas y culturales productivas, entonces este breve ejercicio debe planteamos varias interrogantes: ¿Cómo cambiar la calidad de la educación de modo tal que sea una herramienta para mejorar las condiciones de vida de los peruanos? ¿Qué ideologías difundir desde las escuelas? ¿De qué maneras y en qué medida puede el sistema educativo actual llevarnos al mundo tecnológico del presente, con todo lo que ello implica en la vida social? ¿Cómo integrar este esfuerzo gigantesco con la prevención del terrorismo y con la solución de los conflictos propios de nuestro desequilibrado ordenamiento social? ¿Cómo financiar el despliegue material y el laboral que demande la solución a los problemas?

Es inevitable la referencia a la reformulación de la preparación del personal docente : ésta es necesaria por dos razones: primero, porque la mayoría de docentes no conoce bien la materia que enseña debido a que en las facultades de educación hay un abrumador predominio de cursos de pedagogía en desmedro de los cursos relativos a las materias propias de las especialidades; y en segundo lugar porque las metodologías imperantes en el sistema no son las mejores para que el alumno - sea escolar o universitario - sepa cómo enfrentar situaciones nuevas. Dicho de otro modo, los docentes escolares suelen conocer más de técnicas pedagógicas que de aquello que deben enseñar con esas técnicas, y suelen orientar su trabajo al cumplimiento formal de un sílabo mediante la calificación de los datos enseñados al estudiante en lugar de evaluar el uso de los datos para la resolución de problemas.

Pero si en los colegios encontramos profesores "memorísticos" que obligan a los alumnos a paporretear datos sobre libros, héroes, fechas y autores es probable que sea porque así fueron educados estos docentes. Vale decir, sus experiencias estudiantiles escolares y universitarias son memorísticas y poco creativas. La solución obviamente pasa por la reestructuración - reingenieria le dicen hoy - de las facultades de educación. El estudiante de pedagogía debe dominar las materias que luego ha de dictar y debe aprender a enseñar cómo resolver problemas.

Aparentemente, menos - o distintos - cursos de pedagogía, más cursos del área de especialidad y una dinámica distinta en las aulas universitarias serían los requisitos indispensables de la reestructuración arriba mencionada. Por ejemplo, un curso típico de literatura en una facultad cualquiera de educación suele ser un compendio de corrientes literarias, nombres de autores, títulos y fechas de edición de obras; es decir, breves referencias a todo que tienen la sana intención de "abrir" el panorama a los estudiantes que luego, por voluntad propia, podrían profundizar la lectura de las obras mencionadas en clase, pero que en realidad tienen el defecto de hacer superficial el conocimiento. Mejor alternativa es darles a los estudiantes una separata de 10 páginas con esos datos para que los graben y leer con ellos una selección de novelas completas y de poemarios completos. De este modo el curso seria no un curso de datos literarios fragmentados sino uno de lectura literaria, y sólo entonces el alumno realmente podría decidir si lee o no El Quijote, Trilce o La voz a ti debida.

Uno de los problemas de las facultades de educación es que sus catedráticos suelen ser licenciados en educación. Decimos que es un problema porque suelen reproducir el sistema en que ellos mismos se han formado y buscan soluciones que se ciñen a esa tradición cuando es esa tradición misma la que hay que romper. Por ejemplo, la enseñanza del lenguaje en los colegios se centra en la sintaxis y en una adaptación de alguna teoría de la lingüística oracional. Es decir, en la mayoría de los casos ignora completamente el desarrollo de la lingüística textual. Esto sucede porque la teoría del texto no ha llegado aun a las aulas universitarias, lo que a su vez es causado por la pobre preparación de los catedráticos de educación en lingüística teórica. Lo lógico sería que las facultades de educación se preocuparan de la formación de sus catedráticos y que les enviasen a hacer cursos de postgrado o que contratasen lingüistas con esos conocimientos para que preparen a sus estudiantes. Tal vez, lo adecuado sería trabajar con gente de las mismas instituciones con ganas de aprender - lingüistas o no - para no gravar las arcas institucionales y porque no hay en el medio postgrados que impartan cursos de lingüística del texto. Por el contrario, las influencias más fuertes entre los lingüistas son hoy por hoy la lingüística estructuralista de origen saussureano y la teoría de Chomsky, ambas de raigambre oracional.

Otro de los nudos del problema, el autofinanciamiento, lo dejaremos para un próximo artículo. Sí debe quedar claro que inconscientemente hemos convertido la cultura en un crucigrama que hay que resolver o, lo que es lo mismo, en un examen de múltiples alternativas. Esto explica que gente seria diga a los medios periodísticos que hay que tecnificar la enseñanza para que deje de ser humanística… Cuando lo propio del humanismo es el respeto e incentivo de la técnica, el arte y la ciencia.

Para terminar, por ahora…

Los cambios esbozados en este breve ensayo son simples, pero no se engañe por ello, enunciar soluciones suelen serlo : reformulación de cursos en las facultades de educación y cambios metodológicos orientados a la enseñanza de técnicas de solución de problemas. Lectura directa de libros y no mera memorización de datos fragmentados. Creemos firmemente que sólo la comprensión de los datos nos permitirá ya no sólo usar tecnología, sino comprenderla, y ese es el requisito primero para hacerla. Usted tiene la palabra.
Por Alfredo Elejalde F.
Lima, 1994 - 1995.
(mod. 17-07-2003)

Notas :

Nota 1 :
Distingamos claramente la acción proselitista de los partidos y sindicatos de izquierda y la de los diferentes grupos subversivos. A la izquierda se le debe agradecer el cuidado de sectores del pueblo que, de otra manera, no hubiesen tenido representatividad ni defensa ante las diferentes presiones políticas y económicas que se ejercieron sobre ellos. El "cuidado", así, Un tanto paternalista como suena, y como pueden dar fe los militantes de base que alguna vez trataran de (acceder a cargos dirigenciales en la Izquierda Unida sin lograrlo. La subversión plantea problemas por su rechazo a las formas de civilización que la mayoría ha adoptado. Excepto las diferentes formas de cristianismo, no hay ninguna otra doctrina alternativa circulando en el país. Las derechas han brillado tradicionalmente por su ausencia en el terreno de la competencia ideológica popular.

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